miércoles, 28 de octubre de 2026

Por la defensa y promoción del idioma español

por Omar Gómez
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Una vez roto el listón de inauguración en la oficina, los socios comenzaron a publicar en la página de Mexican Marketing Services con la intención de hacer crecer el tan ansiado negocio. Pasaron días hasta que su sitio en internet generó el tráfico suficiente para atraer clientes. Cierto día, entró una llamada de un prospecto y uno de los socios contestó:
—Hola, buenas tardes. Habla con Mexican Marketing Services, ¿cómo podemos ayudarle?
—Hello, I found your website online and I’d like to see if your company can help me increase the sales and traffic of the businesses I have in Mexico. Could you give me some information?
—… ¿Qué?

Un emprendedor mexicano cualquiera.

Basta con dar unos cuantos pasos en las plazas más concurridas de Ciudad Juárez para dudar si todavía nos hallamos en México o si ya hemos cruzado la frontera hacia los Estados Unidos. Y es que mientras caminas de un local a otro, puedes observar anuncios comerciales con leyendas como: bakery, barbershop, nails, coffee bar, fitness centers y demás extranjerismos. Quienes los colocan, la mayoría de las veces no comprenden ni un ápice del idioma inglés, pero aún así creen que denominando con xenismos a sus negocios los hará verse más profesionales. Tontos.

Ese fetichismo anglosajón forma parte de una subordinación cultural que en México se ha normalizado y que ve a nuestro idioma, el español, como algo cutre y atrasado; mientras que al idioma inglés, como universal y distinguido. No obstante, pocos han reparado en la fortuna de tener una lengua materna continental como la nuestra, así como en la ingente población que comparte esa lengua común y, por ende, con alto potencial de difusión y desarrollo. Por eso es que considero que hay que hacer una defensa frontal del español y poner en evidencia nuestra subordinación cultural al inglés, que no nos llevará a nada, salvo a la eterna subyugación y mediocridad.

Así, debido al pretexto de que el inglés es la lengua franca del siglo XXI, en México se relega al español a la categoría de un idioma de tercera, aunque conectarnos con el mundo a través del inglés no tenga por qué estar peleado con defender nuestra cultura hispana y, sobre todo, luchar porque salga de la mediocridad y hasta reemplace a aquélla. ¿Por qué luchar? Primero, porque, a mi juicio, debería ser un instinto natural en seres humanos sanos el que su tribu, organización, Estado o como quieran llamarlo descuelle. Segundo, porque pocos países y culturas pueden jactarse de tener el potencial para rivalizar con la cultura anglosajona y el idioma inglés, como lo tiene México con el español.

No. No estoy diciendo que por ello se deba renunciar a aprender inglés. La verdad es que al no saberlo, se estaría perdiendo el estar enterado de los avances de la ciencia, las maravillas del cine y qué decir del uso de las nuevas tecnologías. No obstante, no por el hecho de estudiar inglés debe traducirse en que toda nuestra vida y, sobre todo, nuestra industria deba girar en torno a la cultura anglosajona y despreciar la nuestra o tratarla como si fuera inferior.

Lo que sí propongo es que usemos el español con miras a internacionalizarlo—todavía más— aprovechando el hecho de que es una de las lenguas más habladas en el mundo y, poco a poco, rivalicemos con la cultura anglosajona para reemplazarla. Sí, leíste bien. Hacer lo que otras culturas han venido haciendo durante siglos: luchar por la hegemonía sobre otros grupos sociales. Eso no implica, desde luego, una lucha armada frontal. Basta con sentirse orgulloso de su propia cultura y difundirla en otras latitudes.

También, dejar de tener esa cosmovisión aldeana con la que se piensa que nuestros negocios, arte y cultura sólo tienen cabida en nuestro país—y a veces ni eso—. Por el contrario, hay que pensar que podemos exportarlo, pero no de la mano de otra lengua, sino de la propia. No de la mano de la imitación de lo que hasta ahora predomina, sino de la mejora de lo propio para que otros lo adopten.

Para que suceda esto, debemos colocar el español en contextos de mayor importancia que lo local, como lo son los medios de comunicación internacionales, la industria tecnológica y los negocios. Que así como hoy en día adaptamos palabras del inglés mediante anglicismos, incentivemos que otras culturas lo hagan para moldearse a nuestra cosmovisión. En suma, hacer que destace nuestra tribu.

Pero todo esto no lo vamos a poder lograr si nosotros mismos, como hispanos, renegamos de nuestro pasado y presente. Si seguimos apostándole a un futuro que se decide por otros y nos conformamos con creernos ellos, cuando no lo somos.

Esta defensa y promoción, desde luego, no será sencilla. La cultura anglosajona, que por años ha atrapado a los mexicanos a través de la propaganda y su industria del entretenimiento, no lo permitirá. Y es que, como bien ha expuesto el internacionalista argentino Marcelo Gullo Omodeo: el que denomina, domina. No obstante, un primer paso es aceptar que la lengua es una herramienta cultural por medio de la cual otros grupos sociales buscan influir sobre nosotros.

Por eso, siendo conscientes de su potencial, nosotros, como mexicanos, debemos fomentar la difusión y el uso del español no sólo en México, sino en todo el mundo. Y es que, nos guste o no, nuestro país, que es una nación mestiza, se forjó con el español. También, al día de hoy, somos el país hispano más poblado, por lo que es a nosotros a quienes nos corresponde velar por su expansión.

Y un primer paso tan sencillo sería no avergonzarse de emprender negocios como barberías, panaderías, cafeterías y demás. También, el fomentar la creación de términos propios para denominar fenómenos tecnológicos y científicos. Pero esto sólo se va a lograr cuando se vuelva una cuestión de orgullo el proponer, y dejar a un lado la espera de replicar lo que en otras latitudes nos dicen que habremos de denominar.

Por Omar Gómez

Abogado postulante en materias fiscal, administrativo y constitucional

Contáctame en [email protected] y visita mi página en omargomez.com.mx

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