La vida del publicista André Gavlik da un giro cuando es contactado por un ambiguo prospecto para que él y su agencia de publicidad emprendan una campaña poco común: edulcorar la imagen de un cártel de la droga. Lo que al principio parecía una alocada propuesta termina convirtiéndose en el proyecto más importante de su carrera, aquel que lo saca del letargo profesional en el que había permanecido estancado durante años.
Esta es la trama de la interesante novela del escritor y creativo mexicano Erick de Kerpel, quien en 2015 debutó como autor de ficción con su libro titulado Bungalow 77. Con este título se sumó al poco común género de la narcoliteratura y representó un fenómeno social que cada vez resulta más familiar en el mundo de los negocios.
Con una prosa fácil de digerir, el autor lleva al lector al universo de las agencias creativas en México, cuyo mercado principal se concentra en las empresas más poderosas del país. Por eso causa tanto morbo descubrir cómo una agencia vinculada a un sector tan limitado y formal termina prestando sus servicios a una organización poderosa, sí, pero que opera desde las sombras.
En cuanto a la trama, André Gavlik —apodado «El Ruso»— y sus compañeros de agencia pronto se ven inmersos en un mundo donde el dinero fluye con facilidad, aunque no exento de peligros. Por eso, solo el círculo más pequeño y confiable de la agencia conoce a este peculiar cliente, con el fin de evitar filtraciones, escándalos éticos y problemas legales.
Como suele ocurrir, una imprudencia humana lo cambia todo: una compañera de la agencia que no goza de la confianza de El Ruso ni de los demás se entera del secreto. Esto genera una fuerte conmoción, pues la agencia debe velar no solo por satisfacer los intereses de unos clientes tan delicados, sino también por la reputación de sus miembros y su propia libertad.
La situación se complica aún más para el protagonista. Además del estrés de sentirse expuesto, viaja con sus compañeros de trabajo y, en el antro llamado Bungalow 77, se topa con miembros de su incómodo cliente: el cártel. Sin mucho margen de maniobra, pasa una noche de derroche, excesos y peticiones que más tarde tendrán consecuencias funestas para la agencia.
Esta novela es una excelente oportunidad de leer algo distinto y adentrarse en el mundo de los creativos del país, quienes no pocas veces usan la literatura como gasolina para alimentar su alma mientras mantienen trabajos formales para pagar las cuentas. Y precisamente eso es lo más llamativo del libro: que un profesionista relata de forma novelada y a partir de un tema actual su día a día.
Por último, no podemos pasar por alto que la novela está llena de anglicismos y xenismos, pero tampoco que ello responde al tipo de medio que se quiso retratar. Como hemos comentado en otros espacios, en ciertos sectores —como el mundo de los negocios y la publicidad— sus integrantes buscan verse más distinguidos al preferir el inglés sobre el español. Esa realidad es justamente la que el autor retrató con gran fidelidad.
La redacción





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