Se acercan las elecciones de 2027 en Chihuahua y, a pesar de que todavía no son tiempos electorales para decidir quiénes serán los candidatos para la elección estatal por cada partido, los políticos de siempre, sí, esos adictos a ayudar a la gente solo desde el erario público, ya están buscando dar el salto a un nuevo puesto. En este caso, a la silla grande del estado de Chihuahua: la gubernatura.
Tan es así que desde ahora las calles de Chihuahua capital y Ciudad Juárez—que son los bastiones electorales más grandes del estado— ya están inundadas con los nombres y rostros de políticos locales bajo el lema de que son ‘ellos’ los ungidos por quién sabe quién. Así, mientras los chihuahuenses circulan por las calles, no pueden evitar ver por doquier bardas con consignas como EsAndrea, EsCruz, EsBonilla y demás eslóganes que demuestran un despilfarro de recursos.
Ya ni se diga de la contaminación digital a la que estamos expuestos los chihuahuenses en las redes sociales, donde aún más se presenta una saturación de publicidad a favor de los políticos. Y es que no es raro ver entrevistas de esos políticos en programas que solo existieron para el propósito de la entrevista. También, publicaciones de supuestos medios digitales cuyas notas solo encumbran a un político y socavan al resto, entre otros actos de propaganda y golpeteo soterrado.
Lo que esos políticos con su propaganda barata no dicen es que todos llevan años enquistados en el servicio público sin que su presencia se traduzca en un beneficio para los chihuahuenses. Que algunos incluso contrarían los intereses de sus electores, para quedar bien con la cúpula que mueve los hilos del país desde el centro o del nuevo proyecto o partido político que les dará cobijo para saltar a otro puesto que no los haga dejar el erario público.
Para ello, bastaría con buscar los nombres de Cruz Pérez Cuéllar, Andrea Sánchez Treviño, Marco Antonio Bonilla, por ser los más activos en su propaganda ilegal electoral, para darse cuenta de que han pasado su edad productiva enquistados en el erario público, sin que sus nombres descuellen por haber implementado una política pública, patrocinado una ley o un acto de autoridad relevante en beneficio de los chihuahuenses. Son puras nimiedades como el reparto de materiales y recursos provenientes, desde luego, del dinero de los contribuyentes.
No obstante, ninguno de ellos ha demostrado contar con la capacidad y, sobre todo, la voluntad, de distanciarse tanto de las órdenes que provengan del centro del país—como si viviésemos en un Estado central y no federal— ni de los intereses partidarios cocinados en las cúpulas partidistas. Así, con esos antecedentes de pusilanimidad no debe quedarnos duda de que sus planes de gobierno no serán en favor de Chihuahua, porque hoy que gobiernan no lo hacen por los chihuahuenses, sino simplemente por ellos. Por sus proyectos a futuro donde los ciudadanos salimos sobrando.
Dicho lo anterior, lo cierto es que poco se puede hacer con estos sinvergüenzas si los chihuahuenses no tienen una cultura cívica sólida que les permita reconocer quiénes no buscan ayudarlos, sino ayudarse a sí mismos desde el erario público. La verdad es que esto sería muy sencillo si se tuviera la cultura de leer a diario los periódicos de la localidad, ya que por muy sesgados que lleguen a estar en favor de tal o cual político, la realidad es que la ausencia de cambios y grandes obras no puede taparse con florituras editoriales por mucho tiempo.
Esto, desde luego, nos deja en el aciago escenario en el que los pocos que todavía creen que la política puede ser una forma civilizada de administrar el poder, de hacer sus pronósticos y en general infundir apoyo por tal o cual candidato vean su voz crítica eclipsada ante tanta basura física y digital. Pero aunque a veces esa voz sea un soplo efímero en el aire, vale la pena manifestar que los políticos que hoy dicen que verán por Chihuahua, en realidad solo verán por sí mismos.
Por Omar Gómez
Abogado postulante
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