Esta semana se dio a conocer el cierre de una nueva maquila en Ciudad Juárez. En este caso, se trató de la empresa Subensambles Internacionales Planta II, del Parque Industrial Omega, que dejó en la incertidumbre a más de 1,600 trabajadores cuando anunció su cierre, supuestamente por los problemas financieros del corporativo First Brands.
Y no obstante las causas que se esgrimieron para justificar su cierre, lo cierto es que la decadencia de la industria maquiladora ya no es ajena para los juarenses, que se han acostumbrado a ver cómo cierran plantas sin que parezca que nadie haga algo para evitarlo. La pregunta obligada entonces es: ¿todavía se puede hacer algo? Yo respondo que sí, pero que ya no es lo ideal, porque la maquila es un modelo insostenible para Ciudad Juárez.
Para empezar, lo que atrae a la industria maquiladora a nuestra ciudad es la mano de obra barata y nuestra cercanía con los Estados Unidos. Por otra parte, lo que incentiva al gobierno a permitir la instalación de la industria maquiladora en Ciudad Juárez es la necesidad de crear empleos formales que, si bien mitigan la falta de seguridad social y vivienda para los mexicanos con menor escolaridad, también se traducen en una forma de recaudar contribuciones como derechos aduaneros, cuotas de seguridad social, Impuesto al Valor Agregado, Impuesto Sobre la Renta e Impuestos al Comercio Exterior, por mencionar algunos.
Estos incentivos generan que las ciudades fronterizas sean vistas como granjas extractoras por parte del Gobierno Federal, que luego distribuirá los ingresos obtenidos hacia el centro del país, así como amplios márgenes de ganancia para las empresas transnacionales al invertir migajas en sus trabajadores. Lo que nos lleva a constatar que los sectores que más ganan no son los que están en la ciudad, sino los del centro del país y los de más allá de nuestra frontera.
Este modelo extractivista no propicia que en Ciudad Juárez se cree un ambiente de comunidad y, sobre todo, de autonomía, que son precisamente las razones por las cuales debemos evitar su continuación. Por el contrario, se fomenta el desorden urbano y un fenómeno que los sociólogos han retratado muy bien: las ciudades dormitorio. Es decir, ciudades de paso donde no se fomenta el arraigo de sus habitantes y, por ende, un sentido de pertenencia.
No por nada, la mayoría de los habitantes de Ciudad Juárez, cuando se les pregunta de dónde son, salen prestos y con orgullo a hablar de sus lugares de origen, aun cuando lleven décadas sin visitarlos y toda su vida productiva la hayan hecho aquí. Esta actitud es alimentada por el modelo maquilador que, como ya dije, se basa en un sistema extractivista que no genera arraigo.
Por otro lado, si bien pudo pensarse que con la maquila los profesionistas serían los que luego formarían las empresas —industria nacional y regional— para el desarrollo de la ciudad y serían quienes obtendrían la recompensa por haber implantado este sistema extractivista, se equivocaron. Lo cierto es que el poco capital humano de calidad que se ha formado ha sido captado por los mismos gobiernos extranjeros (sobre todo el de Estados Unidos) a través de sus transnacionales. Bastaría con que alguien hiciera una estadística de cuántos ingenieros y médicos se han ido a vivir solo a Texas.
Por lo tanto, ante la falta de proveeduría y emprendimiento local, así como por los problemas urbanos y sociales que genera la industria maquiladora, lo correcto es que los intelectuales y las élites de Ciudad Juárez luchen por un cambio de paradigma. Uno donde, desde el emprendimiento hispano y un sentido nacionalista, se convierta esta zona en un polo industrial, pero sin imitar ni estar subordinada a la industria internacional que solo nos ha brindado migajas, al igual que el centro de nuestro país.
Por Omar Gómez
Abogado postulante
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